A young man in glasses writes in a notebook while sitting on a stylish couch indoors.

No soy bueno para esta carrera: ¿y si me equivoqué de universidad o de camino?

Entrar a la universidad suele ser uno de los momentos más emocionantes y retadores de la vida. Después de años de preparación, exámenes y decisiones difíciles, por fin llegamos a ese espacio que promete abrirnos las puertas al futuro. Sin embargo, no todo es tan ideal como lo pintan: a medida que avanzan los semestres, muchos estudiantes comienzan a preguntarse si realmente tomaron la decisión correcta.

Frases como “no soy bueno para esta carrera” o “seguro me equivoqué” se vuelven comunes en los pasillos universitarios, y no necesariamente porque la persona no tenga talento o capacidad, sino porque la presión, las comparaciones y el ritmo de estudio nos hacen dudar de nosotros mismos.

El peso de la comparación

Una de las trampas más grandes en la vida universitaria es compararse con otros. Siempre habrá alguien que parece estudiar menos y sacar mejores notas, o alguien que participa con respuestas brillantes en clase mientras tú apenas logras hilar una idea. En las prácticas profesionales, pasa lo mismo. Algunos compañeros parecen tener “talento natural” mientras tú sientes que cada paso cuesta el doble.

Por ejemplo, en medicina es común ver estudiantes que dominan con seguridad la historia clínica o la semiología, mientras otros se sienten torpes o inseguros al atender a un paciente. Pero lo mismo ocurre en derecho, donde algunos hablan con gran elocuencia desde el primer semestre, o en ingeniería, donde ciertos compañeros resuelven cálculos complejos como si fueran un juego.

Lo que rara vez se dice es que el aprendizaje no es lineal: cada persona tiene tiempos y procesos distintos. Que alguien avance más rápido en un área no significa que tú no lo logres, simplemente tu camino tiene otro ritmo.

El mito de equivocarse de carrera

Muchas veces confundimos la dificultad con la idea de que “me equivoqué de carrera”. Claro, hay casos en los que realmente alguien descubre que sus intereses son otros y decide cambiar, lo cual es totalmente válido. Pero en la mayoría de los casos, lo que ocurre es que enfrentamos el choque natural entre nuestras expectativas y la realidad.

Nadie te dice que estudiar implica cansancio, frustración y días en los que simplemente no quieres seguir. Pensar “tal vez me equivoqué” no significa necesariamente que tu vocación sea otra, sino que estás pasando por una etapa de ajuste.

Lo importante es preguntarte:

  • ¿Realmente no me gusta lo que estudio o solo estoy frustrado por una materia, un profesor o un mal semestre?
  • ¿He tenido la oportunidad de explorar las áreas de mi carrera que más me interesan?
  • ¿Estoy cuidando mi salud mental y física, o el agotamiento me hace pensar en abandonar?

Burn-out estudiantil: el enemigo silencioso

Un factor clave en estos pensamientos de “no soy bueno” es el burn-out estudiantil: el agotamiento físico, mental y emocional producido por la carga académica y la presión constante.

El burn-out no solo afecta el rendimiento, también distorsiona la percepción de nuestras capacidades. Puedes ser perfectamente competente, pero si llevas semanas sin dormir bien, con una dieta desordenada y sin espacios de ocio, tu cerebro simplemente no responde como debería.

Consejos para prevenir el burn-out:

  1. Organiza tu tiempo realista, no idealista. No planifiques como si fueras una máquina; incluye pausas y descanso.
  2. Haz ejercicio o mueve tu cuerpo. Una caminata corta puede marcar la diferencia.
  3. Duerme lo suficiente. La privación de sueño afecta la memoria, la concentración y el estado de ánimo.
  4. No te aísles. Hablar con amigos o buscar apoyo en tutores o profesores puede ayudarte a relativizar la carga.
  5. Recuerda que equivocarse es parte del aprendizaje. Cada error en clase, en un laboratorio o en una práctica es una oportunidad de crecer.

Aprender a mirar tu propio proceso

La clave para superar estas dudas no está en eliminar las comparaciones (porque siempre existirán), sino en aprender a centrarte en tu propio proceso. Pregúntate: ¿hoy sé más de lo que sabía ayer? ¿He aprendido algo nuevo que me acerca a ser mejor en lo que hago? Si la respuesta es sí, entonces vas en el camino correcto, incluso si tu avance parece lento en comparación con otros.

En conclusión

Decir “no soy bueno para esta carrera” es una frase que casi todos hemos pensado en algún momento. Pero antes de asumir que te equivocaste de camino, detente y revisa si realmente es falta de afinidad o simplemente cansancio, frustración o comparación. Los niños aprenden a caminar cayéndose cientos de veces, y nadie diría que se “equivocaron de aprender a caminar”. Lo mismo pasa en la universidad: equivocarse, dudar y tropezar es parte del proceso.

El médico que hoy salva vidas, el ingeniero que diseña puentes, el abogado que defiende derechos o el artista que inspira al mundo también pensaron alguna vez que no eran suficientes. La diferencia es que no dejaron que esa duda definiera su historia.

Así que, si hoy te preguntas ¿y si me equivoqué de universidad o de camino?, recuerda: quizá no te equivocaste, quizá solo estás aprendiendo a tu propio ritmo.