Cómo organizar el tiempo cuando estudias, trabajas y además bailas salsa

En esta entrada quiero contarte cómo ha sido para mí aprender a equilibrar tres mundos que, aunque parecen completamente distintos, terminan entrelazándose de formas curiosas: estudiar biología, trabajar medio tiempo y ser bailarina de salsa de competencia.
Spoiler: no hay fórmula mágica, pero sí muchos ajustes, rutinas (y uno que otro ensayo fallido) que me han enseñado a manejar mi tiempo sin perder la cabeza… ni el ritmo.

¿Por qué es tan difícil organizarse?

Cuando estudias una carrera tan demandante como biología, el tiempo parece siempre escurrirse entre clases, laboratorios y lecturas eternas. Súmale un trabajo que exige responsabilidad y un equipo de baile que entrena hasta tres veces por semana… y de repente te das cuenta de que dormir ocho horas seguidas suena como un lujo.
El problema principal no es la falta de tiempo, sino no saber cómo distribuir la energía entre actividades que requieren enfoques distintos. Pasar de analizar datos de fotosíntesis a ensayar una coreografía con giros triples no es precisamente un cambio suave.

Lo bueno y lo malo de tener una vida tan llena

Tener muchas actividades puede parecer caótico, pero tiene sus ventajas.
Lo bueno:

  • Aprendes a ser más eficiente con los espacios que tienes. Ya no puedes permitirte procrastinar.
  • Descubres que tu mente trabaja mejor cuando cambia de contexto. Después de una sesión intensa de estudio, ir a bailar se convierte en una terapia física y mental.
  • La disciplina que se aprende en el baile, la constancia, la precisión, la coordinación,  termina reflejándose en el estudio y el trabajo.

Lo no tan bueno:

  • El cansancio llega sin avisar, y a veces lo confundes con desmotivación.
  • Hay momentos en los que una de las áreas se resiente: o no entregas el informe a tiempo, o faltas al ensayo, o estudias con el piloto automático.
  • La culpa. Esa sensación de que nunca estás dando el 100 % en todo al mismo tiempo.

Lecciones que aprendí (a la mala)

Después de varios semestres con cafés fríos, cronogramas fallidos y coreografías olvidadas, encontré algunos principios que me cambiaron la dinámica:

  1. El horario es tu mejor amigo, pero debe ser flexible.
    No sirve llenar una agenda perfecta si no dejas espacio para imprevistos. La clave está en reservar “bloques vivos”, esos momentos que puedes mover sin sentirte culpable.
  2. Define prioridades por temporada, no por día.
    Hay semanas en que el baile pasa a segundo plano (previos a parciales), y otras en las que el cuerpo necesita moverse más que la mente. Aprender a cambiar el foco te evita frustraciones.
  3. Aprende a descansar de verdad.
    No todo momento libre debe llenarse. Dormir, salir a caminar o simplemente no hacer nada también es productividad si te recarga.
  4. Usa transiciones inteligentes.
    Escucho mis playlists de salsa mientras reviso apuntes o camino al trabajo; así mi mente se prepara para el cambio de ambiente sin sentirlo brusco.
  5. Sé compasiva contigo misma.
    No todos los días vas a brillar en todo. Y eso está bien.

Conclusión

Organizar el tiempo cuando estudias, trabajas y bailas salsa no es cuestión de tener un superpoder, sino de aprender a escucharte. El ritmo no solo está en la música o en las clases de biología, sino también en cómo fluyes entre tus distintas versiones del día: la estudiante, la empleada y la bailarina.
Si logras que cada una tenga su espacio, sin competir entre sí, descubrirás que la vida no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de mantener el compás incluso cuando el día se acelera.

💃🏻✨ Porque a fin de cuentas, estudiar, trabajar y bailar también son tres formas distintas de moverse por la vida.