Cuando empecé la universidad, pensaba que las tutorías eran solo para quienes estaban “perdidos” en una materia. Después de un par de semestres (y varios parciales difíciles), entendí que no podía haber estado más equivocada. Las tutorías no son un “último recurso”, sino una herramienta que puede cambiar por completo la forma en la que aprendes, si sabes cómo usarlas.
Soy estudiante de biología, y entre prácticas de laboratorio, informes, lecturas interminables y clases de genética a las siete de la mañana, aprendí a valorar cada minuto que alguien dedica a explicarte un concepto con calma. Por eso hoy quiero contarte cómo aprovechar de verdad tus tutorías, ya sean en grupo o personalizada, para que sientas que cada sesión te acerca a tus metas académicas (y no que solo te saca del apuro antes del examen).
- Llega preparado (aunque sea un poco)
Suena obvio, pero marcará la diferencia. Antes de una tutoría, revisa tus apuntes, identifica qué parte no entiendes y anótala. No tienes que llegar con todo estudiado, pero sí con una idea de lo que te confunde. Así, la persona que te tutoriza puede concentrarse justo en eso.
A mí me pasaba mucho con bioquímica: sentía que entendía todo en clase, pero cuando intentaba resolver ejercicios, el caos empezaba. Una vez que empecé a llevar mis dudas específicas (“¿por qué el NADH da más ATP que el FADH2?” o “¿qué pasa si falta oxígeno en la célula?”), la tutoría se volvió mil veces más útil.
- No tengas miedo de preguntar (ni de repreguntar)
Hay algo que aprendí en tutorías y también en el laboratorio: no hay preguntas tontas, pero sí hay oportunidades que se pierden por no preguntar. Si algo no te quedó claro, dilo. Si te lo explican y aún no lo entiendes, dilo otra vez.
Las tutorías están hechas para eso: para que puedas equivocarte, confundirte y volver a intentarlo sin presión. Los tutores no esperan que llegues sabiendo; esperan ayudarte a construir el conocimiento contigo.
- Conecta la teoría con lo que te gusta
Esto me ayudó muchísimo a motivarme. Si estás en tutoría de matemáticas, física o estadística (esas materias que muchos biólogos tememos), intenta pensar cómo se aplica eso a lo que te apasiona. En mi caso, cuando entendí que una regresión lineal podía ayudarme a analizar el crecimiento de una población o que la ley de gases me explicaba la respiración celular, todo empezó a tener sentido.
Y si tu tutor te ayuda a hacer esas conexiones, ¡mejor aún! No tengas miedo de decirle: “¿esto cómo se aplica a la biología?” o “¿me puedes dar un ejemplo real?”. Te sorprenderá lo mucho que cambia tu comprensión cuando algo tiene un contexto.
- Usa las tutorías también para aprender a estudiar
Una buena tutoría no solo te enseña el tema: te enseña cómo aprender. Aprovecha para observar cómo el tutor organiza la información, qué ejemplos usa o cómo simplifica lo complejo. Muchos de esos trucos puedes aplicarlos luego por tu cuenta.
Por ejemplo, una tutora me enseñó a hacer mapas conceptuales que realmente sirven (no esos llenos de flechas sin sentido). Desde entonces, los uso para casi todo.
- Mantén una actitud abierta y constante
El aprendizaje no se trata solo de entender, sino de construir hábito. Asistir a una sola tutoría antes del examen puede ayudarte, sí, pero aprovecharlas de verdad significa usarlas para mantenerte al día, repasar y fortalecer lo que ya sabes.
Y lo más importante: disfruta el proceso. Las tutorías no tienen que ser pesadas ni formales. Pueden ser espacios donde aprendes a tu ritmo, sin presión, con alguien que te guía y te motiva.
Si estás leyendo esto y todavía no te animas a tomar una tutoría, te lo digo como alguien que también dudó: hazlo. Puede ser el impulso que necesitabas para entender esa materia que te tiene frustrado, o incluso para redescubrir por qué te gusta lo que estudias.
Porque aprender con apoyo no es una señal de debilidad, sino de inteligencia. Y quién sabe: puede que, como me pasó a mí, termines disfrutando más el camino que el resultado.

